Miguel Angel Moya

Nombre: 
Miguel Angel
Apellidos: 
Moya
Presentacion: 

INTERIORES: LA ARQUITECTURA DEL ALMA

Tengo en mi pecho un templo,
y en el templo, dentro, un cuadro, 
en el que de mi alma los aromas pinto, 
de sus flores a mi paso.

Al traspasar el umbral de un edificio, la magia de su espacio nos envuelve y resulta casi imposible sentirse insensible a sus cualidades específicas.
Unos nos amplifican, nos potencian, nos ensalzan, nos excitan, nos cobijan dulcemente; otros nos achican, nos debilitan, nos son indiferentes o nos rechazan. Si estamos alerta y afinamos nuestra observación, podemos aumentar la sensibilidad a estas percepciones.
Esas cualidades suelen ser el fruto principalmente de “la envolvente”, más o menos estudiada y decorada, que tiene como misión conformar el vació útil de su interior. Ese espacio sólo cobra vida cuando un ser, sobre todo si tiene conciencia, lo habita o lo usa. Sus cualidades resuenan, vibran en ese ser y entonces cobra vida. Si no es así, el espacio está apagado a la espera de un alma que le dé sentido. Esto se siente especialmente en la arquitectura sagrada.
Igualmente sucede dentro de nosotros, el espacio sagrado por excelencia. Cuando nos sumergimos en los vericuetos de nuestro interior, las sensaciones se manifiestan de otra manera, los lenguajes a utilizar son nuevos y, como en los espacios de fuera, la atenta observación consciente nos ayuda a percibir más agudamente los mensajes que nuestro mundo interno guarda.
En ese mundo nos descubrimos como seres de más dimensiones de las que habitualmente percibimos. Los muchos rincones de nuestro interior nos muestran sus peculiaridades únicas, donde las ideas, las emociones y los impulsos se enredan o armonizan en niveles muy diferentes, mostrándonos el espectáculo del universo que “somos dentro” y que se despliega para nuestra maravilla.
¿Cómo captar esos aromas en un lienzo?
¿Cómo plasmar esos estados y transmitirlos?
¿Cómo sumergirnos mediante trazos y pinceladas en esos mundos interiores, que
se desarrollan dentro de cada uno de nosotros?

“Me asome al mirador de tus ojos y al sumergirme en tu negro profundo, descubrí tu paisaje que me hipnotizó. Me descubrió tu jardín sin límite y casi en el enamoramiento de tu divinidad, vi en tu trascendencia la meta del viaje humano, no fuera, sino dentro.”

Esto hace Miguel Ángel Moya. Se sumerge en su alma, y a partir de espacios reales, nos muestra esos mismos espacios con adaptaciones de luz, color, presencia humana y símbolos que los sacralizan cual si fueran templos, creando así sus paisajes internos que resuenan en nosotros haciéndonos vibrar con una emoción sin nombre, y en ese vibrar hay instantes de eternidad.
Nos muestra, entre otros, el juego sagrado de las polaridades que, en el intento continuo de equilibrio, nos recuerdan la Unidad que somos y hacia la que perdidos, tendemos, pasando por esas experiencias que él pinta, hasta que por fin, entendiéndolo, podamos fundirnos en la unidad y seamos uno y todo.
Veo en la obra de Miguel Ángel una invitación a ese viaje, el verdadero viaje, el viaje hacia mí, hacia ti mismo.
¡Feliz Viaje!

ÁNGEL MARTÍNEZ 
Arquitecto