Adriá Pina

Nombre: 
Adriá
Apellidos: 
Pina
Presentacion: 

Adrià Pina nació en L’Alcùdia en 1959. Desde la infancia había mostrado inquietud por el mundo del arte, y antes incluso de llegar a la edad adulta, ya realizaba exposiciones. Los inicios que posteriormente desembocarían en su característico estilo residen en el taller del artista Manuel Boix, de donde bebió de las corrientes realistas y neoclásicas. Puede ser considerado un artista primerizo, pues tutorizado por Boix, ejecutó sus primeras pinturas a la pronta edad de 12 años. En 1979 comenzó en Valencia la carrera de Bellas Artes, aunque no llegó a finalizar dichos estudios.

Antes, a mediados de los años setenta, su obra se desarrolló próxima al realismo crítico y de tintes marcadamente ecologistas, de fuerte reivindicación socio-política. En los ochenta, emprendió el proyecto de las series, compuestas éstas por un conjunto de piezas de igual temática en cada una de ellas, convirtiéndose en la parte más prolífica de su obra. Asimismo, se vio influido por viajes realizados a diferentes ciudades de Europa, donde visitó exhibiciones de arte como la Documenta de Kassel o la Bienal de Venecia. Paralelamente, expuso en Nueva York, Londres, Barcelona o Madrid. En los noventa y desde entonces, realizó incursiones en el arte pop y retomó dichas series para aplicar sobre ellas las investigaciones que ha ido llevando a cabo.

El reconocimiento a su trabajo se ha visto reflejado a través de numerosos premios nacionales e internacionales cosechados a lo largo de varias décadas, recibiendo los primeros de ellos en 1971 y el último en fechas recientes. Dichos galardones han propiciado que la obra de Pina haya sido adquirida, en muchos casos, por instituciones, para que forme parte de sus particulares colecciones. Tal es el caso de The Chase Manhattan Bank de Nueva York, el centro de Arte Contemporáneo À cent mètres du centre du monde de Perpiñán, el MEAM de Barcelona, o diferentes organismos gubernamentales como ayuntamientos y diputaciones repartidos por toda la geografía española.

En cuanto a su obra, el trabajo de Pina se ha mostrado siempre en permanente evolución, aunque en toda su obra se mantienen las constantes de la excelencia en el dibujo y en la materialización. Cuenta con una obra que se caracteriza por representaciones de carácter realista. En sus comienzos, su trabajo se mostraba reivindicativo con el contexto que se estaba atravesando, a través de críticos mensajes. Desde entonces y hasta hoy, Pina ha otorgado tratamientos diversos a los que somete y ha sometido a las texturas de los fondos de sus trabajos, en los que siempre han predominado una concreta realización plástica de las figuras, independientemente de su carácter arquitectónico, además de destacables juegos luminosos que dotan de un gran realismo a su trabajo.

En una segunda fase de su obra, el mensaje fue tomando un matiz más experimental, investigando acerca de nuevas corrientes estéticas. Mediante sus características series, en las que, haciendo uso de un solo elemento identificador, se adentró en estilos como el surrealismo daliniano o el pop art, mostrando una inquietud persistente que mantiene el trabajo en constante evolución, la cual parece tender hacia la soledad y el vacío del mundo actual. Haciendo uso de una técnica minuciosa y cuidada, comenzó, a través de la realización de cuadros que incorporaban objetos o estaban dotados de tridimensionalidad, a experimentar buscando conseguir una ruptura con la rigidez formal del arte, a la vez que mostraba su deseo de sorprender, mediante la provocación, al espectador. Empleando elementos procedentes de la cultura de masas juega con la ironía en un tono descontextualizador, transgrediendo la ortodoxia de ciertas imágenes que forman parte de la historia del arte, haciendo gala de una voluntad de dimensionar la cotidianeidad y las cosas que se suelen minimizar, como el mundo de la infancia.